sábado, 18 de junio de 2016

Tortura legal . . . sin Empatía - El Hospital Auxilio Mutuo y el redolente asco de la hipocresía.

Alicia Bibiloni, mi madre; una mujer extraordinaria de alma combativa; una dama que siempre se distinguió por su belleza, y su increíble talento histriónico falleció en mis brazos hace escasamente un año, luego de una vida llena de alegría, triunfos y sí, seguro, uno que otro desencanto.

Nada que yo haga, diga o escriba la volverá a mi lado. Por desgracia, todos – particularmente yo – fuimos cómplices de la tragedia que le costó la vida por confiar a ciegas en sus médicos, incluyendo en el Dr. Gilberto Rodríguez (consultorio en la Calle Domenech, en Hato Rey), quién le recetaba pastillas – que religiosamente mi madre se tomaba – a la vez que el distinguido médico le cobraba la visita y la receta al seguro médico, sin darle seguimiento al tratamiento; en otras palabras, ahí quedaba la cosa.

Mis hermanos y yo constantemente insistimos en conseguirle citas médicas, incluyendo una con el nefrólogo Dr. José Rivera Nieves – con oficina en la Torre del Hospital Auxilio Mutuo – quién, luego de examinarla, y teniéndola a ella de frente, le comentó a mi hermano la siguiente arrabalera: "Los riñones de tu mamá están jodíos".

Luego de varios años montada en ese perdulario carrusel, mi madre ingresó en el Hospital Auxilio Mutuo, en Hato Rey, luego de una caída, no porque estaba gravemente enferma de los riñones, algo que el Dr. Juan Román Figueroa nos explicó detalladamente cuando se enteró del caso.

En ese momento, le advertí al Dr. Román que, de entubar a mi madre, sería porque existía la posibilidad de que se recuperase, ya que ella siempre fue bien específica en su deseo de que nunca la entubaran, ni que la mantuvieran viva artificialmente. Por supuesto, de su condición no permitir mejoría, yo deseaba regresarla a su casa para que se despidiera del mundo rodeada por sus seres queridos. El Dr. Román me aseguró que haría lo posible porque así fuera. Desgraciadamente, unos días más tarde, él partió de vacaciones sin comunicarle nuestra conversación a su sustituto, el Dr. Víctor Gordo.

Mi madre falleció a las tres semanas, a las 9:00 PM, en una habitación del Hospital Auxilio Mutuo.

Durante casi todo ese tiempo, mi madre permaneció entubada, y naturalmente, no pudo comer, ni beber tan siquiera agua, alimentándose sólo por los conductos plásticos en su garganta. Eso, junto a una eficiente red de agujas insertadas en sus brazos y otras extremidades para administrarle medicamentos, y/o para extraerle sangre para diferentes pruebas, incluyendo las del oxígeno arterial, le deformaron su cuerpo, y le causó tanto dolor que jamás olvidaré el sufrimiento en su rostro; algo que no puedo borrar de mi mente.

En mi opinión, esos tratamientos, que por cierto, se llevan a cabo diariamente en el famoso hospital de la capital, son tan invasivos y dolorosos que se pueden catalogar como «tortura con buenas intenciones», ejecutados de manera eficiente, e indiferentemente profesional al punto que traen a la mente una línea de producción en una fábrica de salchichas.

Para los médicos del Hospital Auxilio Mutuo que trataron a mi madre – y para el hospital, por supuesto – los pacientes son cifras de contabilidad, no seres humanos que sienten dolor, confusión y el sufrimiento inaudito de estar confinados a la merced de gente que le importa poco su bienestar siempre y cuando mantengan el protocolo diseñado para maximizar las ganancias del hospital. Un buen amigo mio quien fue administrador de varios hospitales en Puerto Rico, y que ahora es asesor de dichas instituciones, me confesó que de mi madre haber sido más joven, la hubieran mantenido viva más tiempo de alguna forma con tal de maximizar aún más las ganancias del hospital con tratamientos, medicinas, etc. sin importarles el sufrimiento que conllevan dichos procedimientos.

De más está mencionar que a los médicos les importa muy poco lo que sufren o piensan las familias de esos pacientes; las personas responsables de que sus seres queridos sean atendidos, cuidados y protegidos a como de lugar.

Durante la convalecencia de mi madre en el Hospital Auxilio Mutuo nunca tuve la oportunidad de sentarme con sus médicos – con ninguno de ellos – para discutir ni su tratamiento, ni su condición. Todo contacto con los ilustres galenos fue por teléfono (iniciando yo la llamada), cuando tropezábamos en los pasillos, o cuando coincidíamos en la Sala de Cuido Intensivo/o en la habitación.

Pude hablar con el Dr. Víctor Gordo, quien sustituyó al doctor de cabecera Juan Román Figueroa, dos veces en tres semanas; durante una visita a la sala de intensivo, y la última vez cuando la condición de mi madre empeoró repentinamente – apenas unas horas de ella haber sido trasladada fuera del área de intensivo, supuestamente porque había mejorado.

Rodeado de enfermeras en un cambio de turno, a mi madre se le inundaron los pulmones de agua y su presión se fue en picada. De repente, su condición se convirtió en una de vida o muerte.

Naturalmente, exigí que el mencionado médico se presentara en la habitación pero pasaron horas antes que el ilustre Dr. Gordo, y la infatigable Dra. Lillian Borrego dijeron presente, ordenaron una sesión de diálisis, y se esfumaron como el éter hasta el día de hoy. Mi madre falleció esa noche, esperando la sesión de diálisis señalada para las diez de la mañana.

A todo esto, cada vez que a alguno de estos doctores se les pedía una explicación o que clarificaran algo, las respuestas siempre conllevaron condescendencia, y arrogancia indicando molestia. Peor aún, demostraron tal insensibilidad que, a mi entender, contradecían los principios fundamentales de su vocación. Al parecer, a estos individuos no les gusta que se les cuestione, y definitivamente aborrecen mis dos palabras favoritas: «¿Por qué?»

Naturalmente, es posible que, debido a la carga psicológica de atender pacientes a punto de morir, estos médicos se ven obligados a separarse emocionalmente con tal de mantener la objetividad necesaria para cumplir su deber. Sin embargo, nada justifica su reticencia y el no rendir cuentas o dar explicaciones – todas las que sean necesarias – a los parientes de sus pacientes, es una falta de respeto. Ese intercambio, esa comunicación no es cosa de cortesía; es una obligación.

Por otro lado ¿a qué se debe la falta de empatía, tanto con los pacientes como con sus familiares? Recuerdo la tarde que le cuestioné a la Dra. Lillian Borrego (nefróloga) por qué no le habían removido los tubos de la garganta a mi madre, cuando el cirujano había ordenado hacerlo horas antes. La doctora, levantó los hombros, y con tono cansado y matizado por apatía, dijo: «Dos días más no hacen gran diferencia». No puedo imaginarme a la distinguida doctora entubada, y encamada durante todo un mes, sin poder disfrutar de chuletas, mantecado, o tan siquiera mojar sus labios con un trago de agua.

Por eso no me extrañó lo más mínimo cuando, en la sala de cuido intensivo, el enfermero de turno – de apellido Sánchez –  comentó que para mi madre estar en «intensivo» era como estar en un «spa» porque ellos (el grupo de enfermeros(as) le «hacían todo». Nunca imaginé que ser puyado hasta el tuétano durante la prueba de «oxígeno arterial» es como disfrutar de una Piña Colada bajo una enorme sombrilla a la orilla de la playa.

A todo esto, ninguno de los doctores que atendieron a mi madre durante todo ese tiempo, ni el Dr. Juan Román Figueroa, ni su sustituto el Dr. Víctor Gordo, ni la Dra. Lillian Borrego (nefróloga quién sustituyó a la Dra. Tania Ramírez Pérez a quién no le gustaron mi «por qué»), ni el Dr. Modesto González del Rosarío (neumólogo), ni el Dr. Ricardo Colacioppo (cardiólogo), ni el Dr. Manuel Anguita (cirujano) – ni tan siquiera el Director Médico del Auxilio Mutuo, el Dr. José A. Isado Zardón – se tomaron la molestia de comunicarse con mi familia, ni por cortesía, luego de mi madre fallecer en su afamado hospital.

De hecho, al día siguiente de fallecer mi madre, mientras su familia enfrentaba la pérdida de su ser más querido, el ilustre Dr. Víctor Gordo tardó casi todo el día para rendir el informe de defunción, sin importarle el trauma de los familiares del paciente que él acababa de perder; el aplazo de su obligación atrasó el traslado de los restos de mi madre a la funeraria, causándonos aún más angustia.

¿Es esa apática política parte del protocolo del Hospital Auxilio Mutuo? ¿Será que cuando pierden un paciente, el hospital prefiere depender de las oraciones, bendiciones y plegarias que ofrecen las monjas que pasean por los pasillos, en vez de exigirle a su ilustre equipo de médicos que rindan cuentas a los familiares?

En fin de cuentas, la pesadilla de perder a mi madre, y el tiempo que ella estuvo ingresada en el Hospital Auxilio Mutuo traumatizó horriblemente a mi familia gracias a nuestra impotencia y a la indiferencia de los médicos.

Y sí, la tragedia de mi madre comenzó cuando dependió a ciegas en médicos «dale-pastillas» cuya ética es cuestionable. Por otro lado, los doctores Juan Román Figueroa, Víctor Gordo, Modesto González del Rosario, Ricardo Colacioppo, Manuel Anguita, José Rivera Nieves, las doctoras Lillian Borrego, Tania Ramírez Pérez representan, en mi opinión, lo más despreciable de su profesión; hombres y mujeres arrogantes, prepotentes, e hipócritas; oportunistas que aprovechan la susceptibilidad de los pacientes/y sus familiares, para manipular un sistema de salud que recompensa la mediocridad al margen de la impericia.

José Orbi
18 de junio de 2016
San Juan, Puerto Rico

jueves, 9 de enero de 2014

El Curioso Abuso Contra Ernesto Méndez - ¡Factura de más de $10,000!

Quiero contarles el curioso caso de Ernesto Méndez, un caso que refleja la indiferencia contra el pobre, el incapacitado y el anciano que no tiene a quién apelar.

Ernesto Méndez es anciano incapacitado que vive en Puerto Nuevo, en una casa vieja y mal cuidada. Su padre, luego de serle infiel a la madre de Ernesto, abandonó la isla para irse a vivir con una americana a los E.E. U.U.




A raíz de esa tragedia, doña Olga, la madre de Ernesto, sucumbió a la esquizofrenia, enfermedad que, al parecer, también afecto a su hijo mayor, Ernesto.

De eso hace más de 40 años y después de tanto tiempo padeciendo de esa enfermedad, doña Olga falleció dejando solo a su hijo Ernesto.

Debido a la incapacidad de Ernesto, un familiar obtuvo su tutela y, a pesar de las inconveniencias, supervisa su cuido, incluso le paga y mantiene al día las cuentas de electricidad y agua, además de preocuparse por mantener un perfecto estado de funcionamiento todos los grifos en la residencia del incapacitado Ernesto Méndez.

Hace aproximadamente unos 2 años, Ernesto, quien dicho sea de paso, se baña quizá una vez al mes, no cocina, no lava ropa y no mueve un dedo para limpiar su hogar gracias a su incapacidad, recibió de parte de la AAA una cuenta por más de $1500 por consumo de agua.

Su guardián protestó inmediatamente, mostró las cuentas al día a la AAA, además de explicar a ejecutivos de la AAA la situación tan triste de Ernesto Méndez y lo ridículo de una cuenta de agua de por esa exorbitante y absurda cantidad.

Como de costumbre, se radicó una querella y la AAA envió a uno de sus inspectores a la residencia, quién encontró que el contador estaba roto y que, como se ve en las fotos, no se había leído hacía años. Sin embargo, el servicio de agua de Ernesto Méndez se lo habían interrumpido meses antes.. ¿Por qué? Porque no les importa.

Aun sin servicio de agua, siguieron las facturas de la AAA a Ernesto Méndez, las cuales ya ascienden a más de $10,000. ¡DIEZ MIL DÓLARES!

Hace más de 9 meses que al Sr. Ernesto Méndez le interrumpieron el servicio y la burócrata de la AAA, Cristina Suau, representante de la oficina de San Patricio, una doña sin sentido común alguno y partidaria de la conspiración de una agencia de gobierno contra el pueblo, rehúsa investigar, exigiendo el pago de los $10,000.

Nosotros sí investigamos y luego de varios años, conseguimos evidencia de que el contador de la residencia del Sr. Ernesto Méndez, no se leyó por años y los empleados simplemente marcaban lo que les daba la gana. Vean las fotos del contador tomadas durante días diferentes en años diferentes, pero con el mismo resultado. Ese contador, como lo muestran las fotos, nunca fue leído y la factura es una ficción creada por incompetentes o corruptos empleados de la AAA bajo la supervisión de un grupo de ejecutivos como la Cristina Suau, cómodamente atendiendo querellas en sus oficinas con aire acondicionado, mientras personas como Ernesto Méndez sufren por la propia ineptitud de la Sra. Cristina Suau y sus compinches.

Esta situación da vergüenza y es una que mancha la reputación de todo empleado de la AAA. Nosotros siempre hemos respaldados a las uniones cuando verdaderamente representan el bienestar de pueblo, pero la AAA es una aberración, un insulto al movimiento obrero en Puerto Rico, y una amenaza para el Pueblo.

Es hora de eliminar la AAA y despedir a todos los burócratas de carrera aprovechándose del pueblo.

Entre tanto, el pobre Ernesto Méndez sigue sin servicio de agua, el cual ha sido pagado religiosamente. ¡Pobre Puerto Rico!

Autoridad de Agua y Alcantarillados Viola derechos humanos de los Puertorriqueños

Debido a la crasa incompetencia de la AAA en rendir el servicio de agua al pueblo de Puerto Rico, la AAA viola indiscriminadamente los derechos de todos los ciudadanos. ¿Cómo explica la AAA dejar sin servicio de agua a un ciudadano, especialmente cuando éste es un anciano incapacitado?

http://www.fusda.org/revista11pdf/Revista11-3ELAGUACOMODERECHOHUMANO.pdf

El 28 de julio de 2010, a través de la Resolución 64/292, la Asamblea General de las Naciones Unidas reconoció explícitamente el derecho humano al agua y al saneamiento, reafirmando que un agua potable limpia y el saneamiento son esenciales para la realización de todos los derechos humanos. La Resolución exhorta a los Estados y organizaciones internacionales a proporcionar recursos financieros, a propiciar la capacitación y la transferencia de tecnología para ayudar a los países, en particular a los países en vías de desarrollo, a proporcionar un suministro de agua potable y saneamiento saludable, limpio, accesible y asequible para todos.



En noviembre de 2002, el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales adoptó la Observación General nº 15 sobre el derecho al agua. El artículo I.1 establece que "El derecho humano al agua es indispensable para una vida humana digna". La Observación nº 15 también define el derecho al agua como el derecho de cada uno a disponer de agua suficiente, saludable, aceptable, físicamente accesible y asequible para su uso personal y doméstico.

En lo acordado: 


Suficiente El abastecimiento de agua por persona debe ser suficiente y continuo para el uso personal y doméstico. Estos usos incluyen de forma general el agua de beber, el saneamiento personal, el agua para realizar la colada, la preparación de alimentos, la limpieza del hogar y la higiene personal. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), son necesarios entre 50 y 100 litros de agua por persona y día para garantizar que se cubren las necesidades más básicas y surgen pocas preocupaciones en materia de salud.

Saludable El agua necesaria, tanto para el uso personal como doméstico, debe ser saludable; es decir, libre de microorganismos, sustancias químicas y peligros radiológicos que constituyan una amenaza para la salud humana. Las medidas de seguridad del agua potable vienen normalmente definidas por estándares nacionales y/o locales de calidad del agua de boca. Las Guías para la calidad del agua potable de la Organización Mundial de la Salud (OMS) proporcionan la bases para el desarrollo de estándares nacionales que, implementadas adecuadamente, garantizarán la salubridad del agua potable.  

Aceptable El agua ha de presentar un color, olor y sabor aceptables para ambos usos, personal y doméstico. […] Todas las instalaciones y servicios de agua deben ser culturalmente apropiados y sensibles al género, al ciclo de la vida y a las exigencias de privacidad.  

Físicamente Accesible Todo el mundo tiene derecho a unos servicios de agua y saneamiento accesibles físicamente dentro o situados en la inmediata cercanía del hogar, de las instituciones académicas, en el lugar de trabajo o las instituciones de salud. De acuerdo con la OMS, la fuente de agua debe encontrarse a menos de 1.000 metros del hogar y el tiempo de desplazamiento para la recogida no debería superar los 30 minutos.

martes, 7 de enero de 2014

Fraude & Misterio en la AAA - Cuentos y Mentiras de la Autoridad de Acueductos & Alcantarillados

Luego de una investigación a fondo nos hemos sorprendido del número de puertorriqueños que opinan que la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados es monstruo corrupto e  incompetente, maliciosamente desgraciando a la isla.

Uno sólo tiene que visitar las oficinas de la AAA durante un día  de semana para ver a fulano y mengano puertorriqueño a través de Puerto Rico, luchando con los representantes de servicio, porque su más reciente factura asciende a cientos (posiblemente a miles de dólares), con un supuesto consumo de miles de metros cúbicos de agua (aproximadamente 264 galones por metro cúbico) cuando ellos son dos ancianos que viven solos en una casita y por más de 30 años su factura no pasaba de $20.

Estos errores de lectura de contador son cosa de todos los días y contribuye al fraude institucional por parte de la AAA contra el pueblo de Puerto Rico, por tal de mantener viva una burocracia cuya razón de ser es difícil de justificar.

“El agua viene del cielo. Cae de las nubes. ¿Por qué los ciudadanos de Puerto Rico tienen que pagar por algo que les regala Papa Dios?”

Es imposible pensar que la infraestructura para la distribución de agua en Puerto Rico sea tan ineficiente que necesiten robarle al país, sea por ignorancia o hecho adrede.

En la factura del agua cobran por el uso de una alcantarilla tan antigua que estimamos se pagó cuando Ponce de León se fue a vivir a Caparra. ¿A quién se le ocurre? A una UNIÓN que piensa sólo en mantener su relevancia y no en el bienestar del pueblo.

Los Sucios Secretos de la AAA

Nos informa un supervisor de la AAA cuyo nombre no podemos divulgar, ya que todavía trabaja para la AAA, que muchos empleados de la AAA, cuando tienen un problema con el patrono (la AAA) se desquitan rindiendo lecturas falsas contra los clientes de la AAA, clientes que, al recibir la factura, inundan las oficinas de la agencia con sus quejas. Nos asegura el supervisor que esto pasa con bastante frecuencia y que a la AAA se le hace casi imposible radicar cargos contra esos corruptos empleados gracias al apretón de la unión que controla a los empleados de la AAA.

Otra cosa que hemos investigado es que es casi imposible leer correctamente un contador de agua sin eñangotarse en la acera y metiendo la cabeza en el mismo. Los números del contador son extremadamente pequeños y a menos que uno no posea una vista supernatural, es casi imposible hacer una lectura correcta con simplemente levantando la tapa del contador. Además, muchos de los contadores están llenos de agua, lodo y las micas están en muy malas condiciones, lo que hace aún más difícil la lectura.

Hipocresía a nivel Institucional

Las campañas de relaciones públicas de la AAA exhortan al país a ahorrar en el consumo de agua. En otras palabras la AAA le pide a Puerto Rico, una isla tropical donde llueve casi todos los días, que ahorren agua.

No hay duda que la conservación de recursos naturales es una algo beneficioso para todo el mundo. Sin embargo, conocemos de muchos casos donde la propia AAA desperdicia cientos de miles y hasta millones de galones de agua, sin rendirle cuentas a nadie.

A continuación fotos de empleados de la AAA –en traje de baño, por cierto– arreglando una avería en un tubo de agua en la urbanización Floral Park de Hato Rey.



El desperdicio de agua potable por culpa de esa avería se calcula en millones de galones de agua porque la AAA tardó casi un año en arreglar la misma. “Un pequeño jacuzzi” según uno de los empleados que reparó el tubo.

Luego de la reparación, el gobierno de la capital tardó otro año en reparar los daños causado a la calle por la AAA. ¡Pobre Puerto Rico!

José Orbi
Para DiploDice

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Al borde del infierno

Fue allá por el 1967, cuando de adolescente, una persona muy allegada a nosotros trabajó de actor de televisión y teatro, interpretando una variedad de personajes en obras tan interesantes y diversas como Bienvenido don Goyito y Arriba las mujeres, de Manuel Méndez Ballester.

Me cuenta el compadre que en esas dos piezas teatrales él tuvo la interesante, la alarmante y la aterradora experiencia de colocarse precisamente al borde de un abismo que conducía al mismo infierno, cuando intervino –en diferentes ocasiones– en escena con una mujer muy conocida hoy día en el país como la asesina de Luis Vigoreaux, y con un actor americano que se refugió en Puerto Rico luego de salir absuelto –dos veces– del asesinato de sus primeras dos esposas.

Naturalmente, nuestro amigo ignoraba el nefasto destino de la Sra. Echevarría, y los antecedentes de aquel exilado caballero que tan cortés siempre fue con él.

Sin embargo, nos confiesa el colega que durante una escena entre él y la Sra. Echevarría durante la obra Arriba las mujeres –ella interpretó el papel de su madre– él se mantuvo fielmente en personaje, le fijó la mirada, cuando de pronto y sin explicación alguna, sintió un terror escalofriante que le espantó hasta los calzoncillos.

Unos meses más tarde, le sucedió lo mismo al compartir una escena con el exilado americano quien interpretaba... el papel del americano... en una presentación de la obra Bienvenido don Goyito en el teatro Tapia.

Poco después, el compadre se enteró de los antecedentes penales de aquel actor del norte exilado en Puerto Rico y recordó la obra de teatro que hicieron juntos.

Luego supo del asesinato de Luis Vigoreaux y el resultado del juicio de la Sra. Echevarría.

Fue cuando por fin cayó en cuenta y comprendió lo que le sucedió tantos años antes: Durante dos frívolos intercambios de diálogo en escena, él fue testigo de las almas podridas, perfectamente perversas y maléficas de dos demonios que se escondían entre la gente buena, embarrándose las caras de maquillaje.